Las calles están nuevamente anegadas y la empresa Peralta Ramos dejó de ingresar al barrio. Los vecinos aseguran que reclaman desde hace años y cuestionan al Ejecutivo municipal por la falta de obras. “¿Hasta cuándo vamos a seguir así?”, plantean.
La postal se repite y ya no parece una situación excepcional: llueve, las calles de La Herradura se vuelven intransitables y el colectivo deja de entrar.
Esta vez, los vecinos vuelven a quedar obligados a caminar largas distancias para poder acceder al transporte público. Algunos deben recorrer más de diez cuadras para llegar a una parada desde donde puedan continuar viaje hacia sus trabajos. Para los chicos que concurren a la escuela, el problema también es cotidiano.
Y detrás del reclamo por el colectivo aparece una pregunta mucho más profunda: ¿qué está haciendo el Municipio para garantizar condiciones mínimas de infraestructura y transporte en La Herradura?
Los vecinos sostienen que vienen reclamando desde 2024. Presentaron notas ante el Honorable Concejo Deliberante, la Privada del intendente y OSSE, pero aseguran que las soluciones nunca llegaron.
El problema, además, tiene antecedentes concretos. En 2019 ya existía un expediente en el Concejo Deliberante donde se advertía que el deterioro de las calles había provocado la interrupción del servicio de la línea 511 y que los vecinos reclamaban respuestas al Municipio.
Cinco años después, en abril de 2024, la situación volvió a repetirse: vecinos de La Herradura denunciaron que el colectivo había dejado de ingresar por el estado de las calles y cuestionaron la falta de respuesta municipal.
Y el reclamo continuó este año. En septiembre, habitantes del barrio volvieron a concentrarse para exigir mayor presencia municipal, mejoras en las calles, mantenimiento de luminarias, recolección de residuos y obras de infraestructura.
Una pregunta que vuelve a incomodar
Los vecinos también ponen sobre la mesa el destino de los recursos que pagan los contribuyentes.
“¿Dónde va la plata del impuesto al combustible?”, preguntan, mientras muestran calles convertidas en verdaderos obstáculos para circular.
No se trata solamente de una calle de tierra en malas condiciones. Cuando el estado de la infraestructura impide que ingrese un colectivo, el problema deja de ser solamente vial y se transforma en un problema de acceso al transporte, al trabajo y a la educación.
La responsabilidad de garantizar el mantenimiento de las calles municipales y las condiciones de circulación forma parte de las obligaciones del Estado local. Y los vecinos aseguran que llevan años golpeando puertas.
La situación también expone una contradicción difícil de ignorar: un barrio de Mar del Plata puede quedar prácticamente desconectado del transporte público simplemente porque sus calles no están en condiciones.
Ahora los vecinos vuelven a preguntar si tendrán que salir nuevamente a la ruta para conseguir una respuesta.
Mientras tanto, el barro sigue ahí.
Y el reclamo también.
“La Herradura existe”, repiten los vecinos.
La pregunta que queda planteada es hasta cuándo tendrán que demostrarlo.














