La violencia registrada en un hospital del este de la República Democrática del Congo volvió a poner en evidencia la gravedad del brote de ébola que afecta a la región y las dificultades que enfrentan las autoridades sanitarias para contener la enfermedad.
Un grupo de personas incendió carpas utilizadas como salas de aislamiento en el Hospital General de Rwampara, cerca de la ciudad de Bunia, luego de que familiares y allegados de un joven fallecido, presuntamente víctima del virus, intentaran retirar el cuerpo para enterrarlo por su cuenta.
Según relataron testigos, la situación derivó en enfrentamientos con la Policía y escenas de extrema tensión. Las fuerzas de seguridad realizaron disparos al aire para dispersar a la multitud, mientras parte de las instalaciones médicas quedaban envueltas en llamas.
El dirigente local Luc Malembe Malembe explicó a la BBC que muchas personas aún creen que el ébola “es un invento” y desconfían de los hospitales y organizaciones sanitarias.
“Hay sectores de la población que creen que las ONG y los hospitales crean esta situación para ganar dinero”, afirmó.
El hombre fallecido era un futbolista conocido en la comunidad y, según Reuters, su familia sostenía que había muerto por fiebre tifoidea y no por ébola.
Las autoridades sanitarias remarcan que los cuerpos de víctimas de ébola son altamente contagiosos y deben ser manipulados bajo estrictos protocolos. La Organización Mundial de la Salud recomienda entierros “seguros y dignos”, realizados por equipos especializados con trajes de protección.
En medio de los disturbios, trabajadores de salud quedaron bajo custodia militar. Un empleado del hospital resultó herido por piedrazos y hubo preocupación porque varios pacientes pudieran escapar durante el caos, aunque posteriormente la organización médica Alima confirmó que todos fueron localizados y continúan bajo tratamiento.
El brote ya dejó más de 130 muertos en el este del país, aunque cifras oficiales del gobierno congoleño elevan el número a 159 fallecidos.
La OMS declaró la situación como una “emergencia de salud pública de interés internacional”, aunque aclaró que todavía no alcanza el nivel de pandemia.
La enfermedad detectada corresponde a la variante Bundibugyo del virus del ébola, una cepa rara para la cual todavía no existe vacuna disponible. Según la OMS, el desarrollo de una inmunización podría demorar hasta nueve meses.
Además, se confirmó un caso en la provincia de South Kivu, una zona bajo influencia del grupo rebelde M23, lo que genera preocupación adicional por las dificultades de acceso sanitario y control epidemiológico.
La vecina Uganda también activó medidas preventivas y suspendió temporalmente vuelos, colectivos y otros transportes en pasos fronterizos con el Congo para intentar evitar la propagación del virus.

















