Gisela es dueña de la panadería La Palmera, en Magallanes 3687, justo frente a la iglesia de la Sagrada Familia. Hace seis años que mantiene su negocio, primero en Faro Norte y desde diciembre en este local del puerto. Lo que parecía una vida estable de emprendedora se transformó en un desafío diario.
“Hace dos años que la situación empezó a complicarse. No puedo pagar el alquiler, no se vende nada, estoy atrasada en todo”, contó Gisela en Sueños y Sonidos de Radio 10 Mar del Plata . Su historia no es solo la de un negocio que lucha por sobrevivir, sino la de alguien que no quiere perder lo que construyó con esfuerzo.
Todas las mañanas, a las 6.30, Gisela se levanta y se dirige a las fábricas de pescado para vender sus facturas antes de abrir la panadería, donde permanece todo el día atendiendo el negocio. Su rutina es agotadora, pero no hay otra alternativa: cada hora cuenta para mantener La Palmera en pie.
Los aumentos de insumos y servicios y la caída en el consumo golpean a todos en el barrio. “Los vecinos también redujeron su gasto, lo mismo pasó en la esquina, donde está otro comercio. Tienen el agua cortada, no pueden reponer mercadería, y yo estoy dando agua hasta ahora”, relató Gisela. La situación no es aislada: la baja en las ventas se refleja en cada rincón del puerto, donde la falta de trabajo en las fábricas de pescado también impacta directamente en la economía local.
La Palmera ofrece facturas a $7.500 la docena, pastelitos y sánguches de miga hechos por ella misma. Todo con precios accesibles, pero con muy poco movimiento de clientes. “Jamás pensé que iba a llegar a este punto, que iba a tener que vender mis muebles para poder seguir trabajando y pagar el alquiler”, confesó Gisela, con una mezcla de frustración y dignidad que atraviesa todo su relato.
Gisela no pide regalos. Solo espera que quienes puedan, se acerquen a comprar y acompañarla. La panadería está en Magallanes 3687, frente a la Sagrada Familia. También se puede seguir en Instagram como La Palmera o contactarla al 2235-8373-78.
Lo que le pasa a Gisela no es un caso aislado. En el puerto de Mar del Plata y en los barrios aledaños, muchos comercios enfrentan la misma realidad: caída de ventas, familias que apenas llegan a fin de mes y una economía que parece jugar en contra de quienes producen día a día. Su historia es, en el fondo, un recordatorio de que detrás de cada panadería hay esfuerzo, sacrificio y sueños que merecen ser valorados.
















