El 24 de marzo se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura militar en la Argentina. Un medio siglo en el que el silencio se transformó en testimonio, el dolor en recuperación de la identidad y los espacios en sitios de memoria. En Mar del Plata, ese proceso tiene una imagen emblemática que recorta el sur de la ciudad: el Faro de Punta Mogotes.
Para muchos visitantes es apenas una postal clásica del paisaje costero. Sin embargo, para la comunidad local, el Faro es mucho más que un punto turístico. Es un espacio donde conviven historia, justicia y vida cotidiana. Allí se cruzan el ocio y la reflexión, en una tensión que, a cinco décadas del golpe, sigue abierta.
Un estudio reciente analiza cómo los residentes de Mar del Plata y Chapadmalal se vinculan con este monumento histórico. El trabajo revela que el Faro se encuentra hoy en el centro de una disputa simbólica sobre el sentido de la memoria.
El Faro como sitio de memoria
La noción de patrimonio va mucho más allá de lo material. El antropólogo Javier Marcos Arévalo lo define como un conjunto de “lugares de la memoria” que remiten a la identidad social. En la misma línea, Néstor García Canclini advierte que el patrimonio es una construcción social, moldeada por contextos históricos y disputas de poder.
En Mar del Plata, esa tensión es evidente. El Faro dejó de ser únicamente una guía para navegantes cuando, durante la última dictadura, su predio fue escenario del terrorismo de Estado.
Inaugurado el 5 de agosto de 1891, el Faro fue desde sus orígenes un atractivo para quienes veraneaban en la ciudad. En 2010, la ley 26.650 lo incorporó al Sistema de Faros Centenarios, reconociendo su valor histórico y cultural.
Pero entre 1976 y 1979, en plena dictadura, en el predio funcionó un Centro Clandestino de Detención en instalaciones de la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina. En 2015, mediante la ley 27.127, fue declarado Lugar Histórico Nacional.
Un año antes, en 2014, el espacio había sido abierto como “Espacio para la Memoria y Promoción de los Derechos Humanos ex CCD ESIM”, conocido como Faro de la Memoria. Desde entonces, allí se desarrollan actividades educativas y culturales vinculadas a la memoria del terrorismo de Estado.
A 50 años del golpe, la investigación plantea una pregunta central: cómo se apropia la comunidad de un lugar que es, al mismo tiempo, atractivo turístico y sitio de memoria.
Qué saben y cómo lo valoran los vecinos
Los resultados muestran una realidad compleja. El conocimiento sobre el Faro es alto, pero su significado no es uniforme.
El 85% de los residentes afirma conocer el Faro y su predio, aunque solo la mitad tiene información sobre su historia. Un 76% lo reconoce como sitio de memoria y el 65% sabe que es Monumento Histórico Nacional.
En cuanto a su valoración, el 36% lo considera un punto de referencia histórico, el 32% un lugar turístico emblemático y el 19% un espacio de reflexión sobre la dictadura.
Cuando se pide definirlo con una palabra, predominan “mar” (77%) e “historia” (55%), por encima de “memoria” (41%) o “dictadura” (22%). El dato revela que el valor paisajístico sigue siendo el más visible, mientras que la dimensión política requiere una construcción activa.
También aparece con fuerza la idea de “turismo y recreación”, mencionada por el 40% de los encuestados, lo que muestra su uso como espacio de disfrute cotidiano.
Sin embargo, existe una brecha entre conocimiento y uso. Más de la mitad lo visitó alguna vez, pero la participación en actividades es limitada. El 55% lo utiliza para paseos y el 52% asistió a charlas, mientras que las propuestas artísticas, educativas o laborales apenas alcanzan el 17%.
Qué emociones genera el Faro
A medio siglo del golpe, el Faro también funciona como un termómetro emocional.
El 35% de los encuestados expresó sentimientos positivos como paz, esperanza o alegría, vinculados a la recuperación democrática del espacio. Un 26% manifestó emociones negativas como tristeza, enojo o miedo, asociadas a los crímenes de la dictadura.
En tanto, un 31% señaló no sentir nada en particular, un dato que plantea desafíos en términos de transmisión de la memoria.
La discusión actual sobre su futuro
El aniversario de los 50 años llega en un contexto de debate sobre las políticas públicas de memoria.
El estudio advierte sobre el impacto de recortes y reducción de personal en estos espacios. Frente a ese escenario, la respuesta de la comunidad es clara: el 72% rechaza cualquier intento de desmantelamiento del Faro de la Memoria.
Además, un contundente 93% sostiene que el predio debe mantener usos educativos, culturales y científicos. Solo un 6% avalaría desarrollos comerciales.
El dato es significativo. Para los vecinos, el Faro no es un activo económico sino un resguardo ético. Un lugar donde se vulneraron derechos humanos no puede convertirse en un espacio meramente comercial.
El desafío hacia adelante
El Faro de Punta Mogotes ya no es solo un atractivo turístico. Es un espacio donde la comunidad deposita sentidos, tensiones y expectativas.
A 50 años del inicio de la dictadura, el estudio funciona como diagnóstico y advertencia. La memoria no se sostiene únicamente con declaraciones oficiales. Requiere presencia, פעילות cultural, presupuesto y participación social.
El Faro sigue encendido. Pero hoy su función principal no es guiar barcos, sino acompañar a la sociedad en la construcción de Memoria, Verdad y Justicia. Un ejercicio colectivo que interpela el pasado reciente y proyecta los valores democráticos hacia el futuro.
Fuente: Castellucci, D.; Carbone, M. V. y Noriega, L. (2025). La apropiación social del patrimonio cultural en destinos turísticos. El caso del Partido de General Pueyrredon (Argentina). XXIX Jornadas de Investigadorxs y Becarixs en Ciencias Jurídicas y Sociales “Dr. Luis Pablo Slavin”, Mar del Plata.
















