En un emotivo testimonio, Rodolfo Aguiar, Secretario General de ATE Nacional, compartió detalles de su audiencia privada con el Papa Francisco. El encuentro, que se realizó el 8 de febrero en la residencia de Santa Marta, fue una de las últimas reuniones que el Sumo Pontífice mantuvo con un dirigente argentino antes de su reciente fallecimiento.
El relato de Aguiar comenzó con una carta recibida el 15 de enero, día en que ATE celebraba su centenario. La invitación oficial del Vaticano, mantenida en estricta reserva hasta último momento, significó para el sindicalista no sólo un reconocimiento institucional, sino también un gesto político de gran relevancia en medio del contexto de confrontación con el gobierno nacional.
“Que Francisco haya decidido encontrarse con ATE, con los estatales, fue claramente un posicionamiento político. Nos tendía la mano, nos daba un escudo protector”, expresó Aguiar, quien viajó a Roma acompañado por la Secretaria Adjunta de ATE, Mercedes Cabezas.
Una audiencia cargada de simbolismo
La madrugada previa al encuentro, Aguiar apenas pudo conciliar el sueño. La ansiedad y los nervios marcaron las horas anteriores a una cita que, según intuía, tendría una profunda repercusión. Al llegar a la residencia de Santa Marta, compartieron la espera con otros invitados, entre ellos tres monjas mexicanas jubiladas, quienes relataron anécdotas íntimas de Jorge Bergoglio previas a su elección como Papa.
En esos momentos, también recibió de las religiosas una breve clase de protocolo sobre cómo saludar al Sumo Pontífice. Poco después, fueron llamados a ingresar. Desde lejos, Aguiar vio por primera vez la figura de Francisco, visiblemente afectado por una bronquitis, pero firme en su decisión de recibirlos. “Valoré profundamente que, a pesar de su estado de salud, nos abriera las puertas”, señaló el dirigente.
El Papa argentino que hacía política
Durante el encuentro, Aguiar presentó un informe crítico sobre la situación social en Argentina, especialmente sobre el deterioro de las condiciones de vida. Francisco, atento, interrumpió para compartir una charla reciente con su hermana María Elena, quien le había mencionado el brutal aumento en el precio de los medicamentos.
“Este Papa, nuestro Papa, hacía política”, reflexionó Aguiar. Según contó, Francisco condenó las guerras, las persecuciones y defendió el debate sobre diversidades y derechos de las mujeres. También recordó su reunión con el presidente Javier Milei, a quien -relató- le habló de los pobres, aunque “no escuchan”.
Durante la charla, el Pontífice mencionó a la vicepresidenta Victoria Villarruel, manifestando su sorpresa por su reciente viaje a España para visitar a Isabel Perón, y en tono crítico, ironizó sobre la ministra de Seguridad: “¿Pero cómo, esa no era ‘Pepita la Pistolera’?”.
El Papa también mostró un especial interés por el devenir de la oposición, consultando específicamente por dos dirigentes que, según confesó Aguiar, prefiere mantener en reserva por respeto al actual duelo que atraviesa el país.
Un gesto inolvidable
Antes de despedirse, Aguiar entregó al Papa varios obsequios, entre ellos una escultura de San Artémides Zatti, símbolo de su Río Negro natal. La última imagen que guarda en su memoria es la de Francisco, contemplando en silencio aquella escultura.
“Al salir del Vaticano, entendí que habían sido 19 minutos que marcarían para siempre nuestras vidas”, cerró Aguiar, quien, emocionado, recordó cómo se perdió entre las callecitas de Roma bajo un cielo que, aquella mañana, parecía anunciar que algo profundo había ocurrido.
















