Una iniciativa nacida desde la comunidad busca garantizar que chicos y chicas del pueblo puedan aprender a surfear sin que el dinero sea un impedimento. Deporte, inclusión y sentido de pertenencia, con el mar como punto de encuentro.
En Mar de Cobo, el surf dejó de ser un privilegio para transformarse en una experiencia compartida. Javier Beldarrain, de 35 años, y Franco Mestralet, de 33, pusieron en marcha una colonia de surf inclusiva para que ningún niño o adolescente del pueblo se quede sin la posibilidad de aprender.
Ambos llevan adelante desde hace ocho años la Escuela de Surf en La Baliza, ubicada en el balneario del mismo nombre, a unos 400 metros de la calle principal hacia el norte. Allí dictan clases particulares y grupales para todas las edades, tanto a residentes como a turistas. El equipo se completa con Juanse y Facundo, todos con el curso aprobado de Instructor Nacional de Surf.
Javier, nacido en Mar del Plata, es guardavidas en La Baliza desde hace una década y vive en la localidad desde hace tres años. Su propia historia fue el motor del proyecto.
“Cuando nosotros éramos chicos nos parecía imposible aprender a surfear. Nadie te enseñaba, era muy difícil”, recuerda.
Con esa experiencia y tomando como referencia propuestas similares, como la que funciona en Chapadmalal, la escuela fue creciendo. Sumaron infraestructura y equipamiento, entre ellos tablas soft Maré de 9 pies, pensadas para facilitar el aprendizaje desde la primera clase.
“No importa la edad. Chicos y adultos pueden pararse rápido sobre una ola. Eso ayuda a entender la técnica, es divertido y evita la frustración”, explica.
La colonia funciona de lunes a viernes, con modalidad intensiva. Cuando el mar acompaña, las actividades se desarrollan en el agua. Si las condiciones no son favorables, continúan en la Sociedad de Fomento, con ejercicios físicos, charlas técnicas, juegos recreativos o prácticas con skates y carvers en el playón.
Las edades se organizan por etapas: en diciembre participan jóvenes de 14 a 18 años; en enero, de 10 a 14; y en febrero, niños y niñas de 5 a 10 años, siempre acompañados por un adulto.
“El objetivo es que nadie se quede con ganas de aprender a surfear, fomentar el amor por el mar y no vivir de espaldas a la naturaleza. Más playa y menos pantalla”, resume Javier.
Si bien existe un monto sugerido, muy por debajo del valor real de unas 20 clases, el aporte no es excluyente. Cada familia colabora según sus posibilidades y, si no puede hacerlo, el o la chica participa igual.
“Lo único fundamental es el compromiso de asistencia y la inscripción previa”, aclaran.
El formulario de inscripción está disponible en los perfiles de Instagram @baliza.escuela y @baliza.surfshop.
El grupo de adolescentes que se formó muestra un fuerte vínculo: comparten tiempo fuera de las clases, organizan fogones al atardecer y algunos ya imaginan el surf como una posible salida laboral. Los más grandes acompañan a los más chicos, generando lazos solidarios y un marcado sentido de pertenencia.
“La idea es que este lugar sea de ellos y que aprendan a cuidar el medioambiente que habitan”, destacan.
El punto de encuentro es el local de Avenida Cobo 87. Allí, algunas tardes, se realizan after beach abiertos al público, generalmente entre las 16 y las 21, con cafetería, música y DJs. Una propuesta que invita a cerrar el día cerca del mar y a seguir fortaleciendo el espíritu comunitario.
Además, desde el surfshop comenzaron a organizar “surftrips”, una experiencia pensada para turistas que combina clases de surf, paseos en kayak, alojamiento, gastronomía, fogones nocturnos y recorridos por la naturaleza.
“Es una forma de invitarlos a vivir la experiencia Mar de Cobo, que en definitiva es el día a día de quienes residimos acá”, concluyen.















