En pleno centro de Mar del Plata, la imagen es clara y preocupante. Placas plásticas rotas, sectores levantados y suciedad visible atraviesan la Peatonal San Martín, uno de los paseos más transitados por vecinos y turistas.
El reclamo se repite entre los comerciantes de la zona. Cuestionan la calidad de los materiales utilizados en la renovación del paseo, donde los antiguos decks fueron reemplazados por cubiertas de PVC que hoy aparecen dañadas y deterioradas. El desgaste es evidente y afecta tanto la circulación como la imagen del centro comercial más importante de la ciudad.
No se trata solo de una cuestión estética. Las superficies rotas generan riesgos para quienes caminan a diario por la peatonal, en especial adultos mayores y familias, en un contexto de alta afluencia de público por la temporada de verano.
Mientras Guillermo Montenegro ya mira su futuro político fuera del distrito, en Mar del Plata quedan escenas difíciles de ocultar. La Peatonal, símbolo del centro y del movimiento cotidiano de la ciudad, expone una herencia que hoy está a la vista.
Una postal fuerte, al pie, que resume una sensación extendida entre los marplatenses: esto también es lo que Montenegro dejó.





















