Guillermo Montenegro logró consolidarse políticamente como pocos intendentes. Reelección, liderazgo en la Quinta Sección y un salto directo al Senado bonaerense. Pero mientras su figura crecía, Mar del Plata atravesó un deterioro sostenido que hoy se siente en todos los niveles: social, urbano y de seguridad. Ni el centro, históricamente la vidriera de la ciudad, logró mantenerse a salvo.
Creció en poder mientras la ciudad retrocedía
Montenegro ganó elecciones con comodidad y dejó el municipio para asumir como senador provincial. En términos de poder, lo obtuvo todo.
Sin embargo, la vida cotidiana marplatense mostró otra realidad: servicios debilitados, obras demoradas, falta de mantenimiento y un desgaste que se nota en cada rincón de la ciudad.
La pobreza se profundizó y golpeó a los hogares
Un tercio de las familias enfrenta carencias severas. El empleo repuntó en algunos sectores después de la pandemia, pero no alcanzó para frenar la precarización ni la desigualdad. Barrios del oeste, del sur y de la zona norte describen el mismo panorama: calles destruidas, infraestructura mínima y ausencia del Estado.
Ni el centro quedó en pie: veredas rotas, suciedad y comercios cerrados
El microcentro, que solía ser el reflejo del movimiento y el turismo, también se vino abajo. Thereas deterioradas, suciedad acumulada, locales vacíos y un ambiente cada vez más deslucido muestran que ya no queda una zona “inmune” al desgaste general.
Comerciantes y trabajadores coinciden en que la zona perdió brillo, seguridad y atractivo. Es un retroceso visible para cualquiera que pase por Rivadavia, San Martín o Luro.
Más inseguridad y familias que refuerzan sus casas
Otro síntoma de la caída sostenida es el crecimiento de las medidas de seguridad domiciliarias. Rejas, alarmas, cercos eléctricos y cámaras dejaron de ser excepción para transformarse en norma.
“Cada vez más familias buscan reforzar sus casas. La demanda creció y sigue creciendo”, reconocen desde el sector.
Esa tendencia habla por sí sola: donde antes había tranquilidad, hoy hay temor. Es una señal clara del deterioro urbano y social.
Operativos mediáticos, pero problemas sin resolver
Montenegro instaló un discurso de orden y seguridad, acompañado por operativos visibles en el centro y las zonas comerciales. Sin embargo, la respuesta en la calle fue otra: comerciantes, choferes y vecinos aseguran que los delitos no bajaron y en algunos casos se agravaron.
Para muchos, la gestión priorizó la imagen por encima de las soluciones reales.
Una ciudad partida y sin rumbo claro
El resultado final es evidente. Montenegro creció, ganó poder y se proyectó más allá de Mar del Plata.
La ciudad, en cambio, quedó más desigual, más insegura y con un centro deteriorado como no se veía en años.















