El avance del plan de paz impulsado por Donald Trump volvió a frenarse en las últimas horas, en un escenario donde Israel y Hamas enfrentan decisiones políticas y militares que ninguno parece dispuesto a tomar. Mientras tanto, en Gaza la situación humanitaria se agrava con el invierno y las lluvias que provocan derrumbes, inundaciones y miles de familias viviendo en condiciones extremas.
En el corazón del estancamiento aparece un nombre: Ran Gvili, el último israelí aún desaparecido desde el ataque del 7 de octubre. El gobierno de Benjamin Netanyahu insiste en que no habrá avance a la segunda fase del acuerdo sin recuperar su cuerpo, una exigencia que traba cualquier movimiento. Su familia, desde Meitar, reclama que Israel cumpla su promesa y acusa a Hamas de retener información.
Del otro lado, Hamas niega estar ocultando restos o información y asegura que es Israel quien demora la aplicación del acuerdo. Pero en los hechos, el cálculo político pesa: avanzar supone costos altos para ambos. Para Hamas, ceder armas y control territorial. Para Israel, retroceder posiciones militares y entregar la seguridad a una fuerza internacional, algo que Netanyahu mira con suspicacia.
Analistas militares israelíes admiten que ninguno de los dos actores tiene incentivos para acelerar. Hamas intenta reorganizarse y recomponer fuerzas. Israel, presionado por su interna política, evita hablar de retiradas mientras Trump pide avanzar rápido y advierte que la “ventana de oportunidad” podría cerrarse.
Mientras los líderes discuten, Gaza sigue partida en dos, separada por la llamada “línea amarilla”. Y crecen las sospechas de que esa división podría convertirse en algo permanente si el plan de paz no avanza.
En paralelo, Washington empuja iniciativas humanitarias, como la limpieza de escombros para instalar viviendas temporales en Rafah, en zonas controladas por Israel. La propuesta permitiría albergar a decenas de miles de gazatíes a cambio de controles estrictos sobre posibles vínculos con Hamas. Pero buena parte de la población rechaza vivir bajo supervisión israelí, incluso quienes ya no respaldan al movimiento islamista.
En este contexto, Trump promete anunciar pronto el Board of Peace for Gaza, una mesa internacional para impulsar la reconstrucción y la transición política. Desde Tel Aviv hasta Gaza, las expectativas son cautas: si la segunda etapa del acuerdo fracasa, el futuro podría ser un territorio aún más segmentado, con un control fragmentado y sin reconstrucción a la vista.
















