Un informe del Instituto Universitario CIAS reveló la dura realidad socioeconómica que atraviesan los jóvenes de 16 a 24 años que viven en barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Según el relevamiento realizado entre mayo y junio, tres de cada cuatro encuestados aseguran que la situación económica del país empeoró en el último año, mientras que apenas un 8% percibe alguna mejora.
El impacto de la crisis se siente con fuerza en la mesa y en el día a día de las familias. El 60% de los jóvenes confirmó que en su hogar tuvieron que ajustar sus consumos para llegar a fin de mes. La tijera pasó principalmente por la compra de alimentos, que cayó un 40%, seguida por recortes en ropa y calzado (18%), salidas o recreación (17%) y el pago de servicios básicos como luz, gas o telefonía (14%).
Ante la imposibilidad de cubrir los gastos cotidianos, recurrir al endeudamiento se volvió una constante en la mayoría de las viviendas. El 57% de los consultados afirmó que en su casa debieron pedir dinero prestado para subsistir. En su gran mayoría, las familias quedan atrapadas en circuitos informales: el 68% acudió a familiares o amigos y un 39% tuvo que recurrir a prestamistas del barrio, mientras que el acceso al crédito formal mediante tarjetas o aplicaciones billeteras quedó relegado a un segundo plano. La situación resulta más crítica entre quienes tuvieron que aplicar recortes, donde el endeudamiento escala al 66% de los hogares.
Esta encrucijada económica repercute de forma directa en el escenario político y en las proyecciones electorales de la juventud. De acuerdo con el estudio del CIAS, el peronismo concentra hoy el 67% de la intención de voto proyectada en este sector, mientras que La Libertad Avanza (LLA) retiene un 25%. La pérdida de respaldo hacia el oficialismo nacional se evidencia al comparar el escenario actual con las elecciones de 2023: Javier Milei retiene el 58% de los jóvenes de barrios populares que lo votaron, mientras que un 42% no volvería a elegirlo. El ajuste económico funciona como un divisor clave en esta adhesión, ya que entre los jóvenes cuyos hogares no debieron recortar gastos la retención del voto libertario sube al 64%, pero cae drásticamente en aquellos que debieron achicarse para sobrevivir.















