Agustín Neme eligió confrontar. Después de las fuertes críticas del ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, el intendente salió a responder con un video de más de seis minutos en el que apuntó contra Axel Kicillof y cuestionó duramente al gobierno provincial.
Pero más allá del tono de la respuesta, quedó una pregunta dando vueltas: ¿Neme respondió realmente a los planteos que habían generado la discusión?
Bianco había cuestionado la falta de diálogo entre el Municipio y la Provincia y señaló que Neme no había respondido sus mensajes cuando le propuso incorporar a la comuna a la Unidad de Coordinación Bahía Bristol.
Ese punto, al menos públicamente, no tuvo respuesta.
El intendente eligió otro camino. Puso el foco en Kicillof, habló de decisiones que dejan afuera a Mar del Plata y cargó contra los funcionarios provinciales. La respuesta fue fuerte, pero dejó sin contestar parte de las críticas que había recibido.
Y ahí aparece una cuestión que viene atravesando la gestión municipal: la diferencia en el trato hacia la Provincia y hacia la Nación.
El Municipio reclama que Kicillof no envía fondos para determinadas obras y cuestiona a la Provincia por decisiones que afectan a Mar del Plata. Sin embargo, el tono cambia cuando se trata del gobierno de Javier Milei.
La misma dureza no aparece frente a las decisiones nacionales que dejaron obras sin financiamiento o frente a la rescisión de contratos que afectaron proyectos importantes para la ciudad.
Entonces surge una pregunta bastante simple: ¿el problema es que no llegan los recursos o quién está sentado en el gobierno que debería enviarlos?
Neme tiene todo el derecho de cuestionar a Kicillof. También puede defenderse de las críticas de Bianco. Lo que resulta discutible es que la vara no parezca ser la misma cuando se trata de la Nación.
El caso de Chapadmalal vuelve a poner esa contradicción sobre la mesa.
Guillermo Montenegro cuestionó en el Senado bonaerense que la Provincia avance sobre el destino de la Unidad Turística sin consultar al Municipio. El argumento fue que Mar del Plata debería participar de las decisiones que afectan al Partido de General Pueyrredon.
El planteo es razonable como reclamo institucional. Pero aparece una pregunta inevitable: ¿se reclamó con la misma intensidad cuando el gobierno de Milei decidió avanzar con la concesión del complejo por 30 años y modificar su destino?
La discusión, entonces, excede la pelea entre Neme y Bianco.
También habla de cómo el oficialismo local está eligiendo relacionarse con cada gobierno según el color político.
Con Kicillof, confrontación. Con Milei, una posición bastante más cuidadosa.
Y no es un detalle menor. La relación entre sectores del PRO local y dirigentes de La Libertad Avanza viene construyéndose desde hace tiempo y tiene, además, una evidente dimensión electoral.
Mientras tanto, Mar del Plata sigue necesitando que sus funcionarios defiendan sus intereses donde realmente se toman las decisiones.
Obras, infraestructura, turismo, seguridad, espacios públicos y recursos municipales no deberían quedar atrapados en una pelea política permanente.
Neme puede confrontar con Kicillof. Puede cuestionarlo y puede reclamarle todo lo que considere necesario.
Pero también tiene que responder cuando las preguntas incómodas vienen del otro lado.
Porque si el objetivo es defender a Mar del Plata, la vara debería ser la misma para Kicillof que para Milei.
De lo contrario, la pelea puede servir más para marcar posiciones políticas que para resolver los problemas que tiene la ciudad.















