El Gobierno nacional autorizó al personal de las Fuerzas Armadas a desarrollar actividades laborales complementarias fuera de su horario de servicio. La medida permitirá que soldados, suboficiales y oficiales puedan desempeñarse en tareas como transporte de pasajeros mediante aplicaciones, reparto de mercadería, servicios de seguridad privada y otras actividades compatibles con la función militar.
La decisión fue presentada como una flexibilización de las normas vigentes y una ampliación de las posibilidades laborales para el personal militar. Sin embargo, la resolución generó un fuerte debate porque deja al descubierto una realidad económica que preocupa dentro del sector.
Lo que durante años parecía impensado, hoy se convierte en una alternativa concreta para miles de efectivos. La imagen de militares trabajando como choferes de aplicaciones o repartidores fuera de servicio abrió interrogantes sobre el nivel de ingresos que perciben quienes tienen la responsabilidad de la defensa nacional.
En los últimos meses, distintos sectores vinculados a las Fuerzas Armadas advirtieron sobre la pérdida de poder adquisitivo de los salarios frente al aumento del costo de vida. La posibilidad de acceder a un segundo empleo aparece ahora como una herramienta para complementar ingresos, aunque para muchos también representa una señal de alarma.
Las críticas apuntan a que la medida no resuelve el problema de fondo. Para numerosos observadores, si una parte importante del personal necesita buscar una actividad extra para mejorar sus ingresos, la discusión debería centrarse en la situación salarial del sector y en las condiciones necesarias para garantizar una carrera militar plenamente profesional.
Además, algunos especialistas señalan que la realización de trabajos adicionales podría impactar en los tiempos de descanso y recuperación del personal, especialmente en funciones que requieren entrenamiento constante, preparación física y disponibilidad operativa.
El debate también alcanzó el plano político. Durante la campaña presidencial, el gobierno había planteado la necesidad de fortalecer y jerarquizar el rol de las Fuerzas Armadas. En ese contexto, la autorización para que los efectivos busquen ingresos complementarios fue interpretada por algunos sectores como una muestra de las dificultades económicas que atraviesa parte del personal.
Mientras desde el Ejecutivo sostienen que la medida amplía derechos y oportunidades laborales, la discusión de fondo sigue abierta: cuánto debe ganar un integrante de las Fuerzas Armadas para no depender de un segundo empleo y poder dedicarse exclusivamente a la carrera militar.















