La industria textil argentina atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente. Comercios con décadas de trayectoria bajan la persiana, fábricas paralizan líneas de producción y miles de trabajadores enfrentan despidos o suspensiones, en un escenario que golpea de lleno a la economía familiar.
Así lo advirtió el comerciante y emprendedor textil Juan Mantoan, referente del espacio Principios y Valores, quien describió una situación “desesperante” para centenares de miles de familias que dependen directa o indirectamente del sector.
Según explicó, el derrumbe tiene dos causas centrales. Por un lado, una fuerte caída del consumo durante 2024 y 2025, que vació los locales y retrajo el mercado interno. Por otro, el ingreso masivo de productos importados a precios con los que la producción nacional no puede competir.
Mantoan señaló que producir en Argentina es estructuralmente más caro. Costos energéticos equiparados a valores internacionales, una presión impositiva elevada, alquileres en dólares, falta de crédito accesible y una logística compleja terminan trasladándose al precio final. “No es ganancia, es supervivencia frente al costo país”, sostuvo.
En ese contexto, remarcó que el consumidor, con el poder adquisitivo deteriorado, opta por lo más barato. “Es una decisión comprensible a nivel individual”, aclaró, aunque subrayó que eso no convierte al comerciante o fabricante local en un abusador de precios.
El golpe final, advirtió, llega con la competencia desleal de importaciones que ingresan con beneficios impositivos, mano de obra de bajo costo y, en muchos casos, mercadería subvencionada por los países de origen. “Es dumping: buscan quebrar la industria local para quedarse con el mercado”, afirmó.
Para el dirigente, la responsabilidad no recae en los trabajadores ni en quienes producen o venden, sino en un esquema económico que hace inviable la industria nacional. Las consecuencias, alertó, ya se sienten con fuerza: más desempleo, precarización, pobreza y pérdida de un entramado productivo que durante décadas dio trabajo e identidad a miles de argentinos.
El colapso del sector textil, concluyó, “no es solo un dato económico, es la destrucción de un saber industrial y de una fuente de futuro para el país”.
















