La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse y alcanzó el 3,8% interanual en abril, el nivel más alto desde mayo de 2023. El fuerte aumento de los combustibles y los alimentos, impulsado por la crisis energética derivada de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, volvió a golpear el bolsillo de los consumidores.
Según informó la Bureau of Labor Statistics, casi la mitad de la suba del índice de precios estuvo vinculada al aumento de la energía. El encarecimiento del petróleo se profundizó tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una vía marítima clave para el comercio global de crudo.
El precio promedio de la gasolina en Estados Unidos llegó a los 4,50 dólares por galón, el valor más alto desde julio de 2022, de acuerdo con datos de la AAA.
El dato inflacionario complicó además las expectativas de una baja de tasas por parte de la Federal Reserve. Analistas financieros consideran ahora que incluso podrían mantenerse sobre la mesa nuevas subas de tasas de interés para intentar contener los precios.
La situación genera presión política sobre el presidente Donald Trump, quien había basado gran parte de su campaña de reelección en la promesa de reducir la inflación y mejorar el poder adquisitivo de los estadounidenses.
En paralelo, el economista Kevin Warsh asumirá próximamente la conducción de la Reserva Federal en reemplazo de Jerome Powell, en un escenario económico complejo y con escaso margen para flexibilizar la política monetaria.
Otro dato que encendió alarmas fue que, por primera vez en tres años, los salarios quedaron por debajo de la inflación. Mientras los precios subieron 3,8% en el último año, los ingresos promedio crecieron apenas 3,6%.
Tras conocerse el informe, los mercados reaccionaron en baja. El índice S&P 500 cayó 0,6%, mientras que el Dow Jones Industrial Average retrocedió 0,7%.
















