La crisis de Sancor Cooperativas Unidas Limitada tuvo este miércoles su desenlace judicial. Un tribunal de Rafaela resolvió declarar la quiebra de la empresa luego de que la propia firma admitiera que no podía hacer frente a sus deudas ni sostener el proceso de reestructuración iniciado el año pasado.
La decisión fue firmada por el juez Marcelo Germán Gelcich, quien consideró que el concurso preventivo quedó sin chances de prosperar. En su análisis, remarcó que la compañía reconoció de manera explícita su incapacidad para alcanzar un acuerdo con los acreedores, lo que terminó de cerrar cualquier alternativa de salida.
El expediente expone un escenario crítico. Durante el intento de reorganización, lejos de estabilizarse, la situación financiera se agravó. La empresa siguió acumulando compromisos a un ritmo elevado mientras la actividad productiva no generaba ingresos suficientes para cubrir los costos básicos.
Los números reflejan esa caída. SanCor arrastraba deudas millonarias en distintos frentes: salarios sin pagar durante meses, obligaciones impositivas y previsionales impagas y compromisos comerciales que se fueron acumulando. A eso se suman pasivos en dólares que terminaron de complicar el panorama.
En este contexto, el magistrado concluyó que la crisis no era coyuntural sino estructural. Según planteó en el fallo, la cooperativa no presentaba condiciones de viabilidad económica hacia adelante, lo que justificó avanzar con la quiebra.
A pesar de la medida, la Justicia habilitó una continuidad limitada de algunas operaciones. El objetivo es sostener temporalmente las plantas que aún están en funcionamiento para preservar su valor hasta que se definan eventuales ventas. En paralelo, se dispuso resguardar el resto de los activos.
El cierre de este proceso marca un punto de inflexión para una empresa que durante décadas fue símbolo de la industria láctea argentina. Su caída no solo impacta en el sector productivo, sino también en cientos de trabajadores y productores vinculados a su estructura.
















