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Víctor Hugo Morales: “Estamos viviendo una forma de dictadura”

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En su nuevo libro, Un ciudadano común en dictadura, el periodista y escritor recorre sus vivencias durante el régimen represivo uruguayo y traza un fuerte paralelismo con la Argentina actual. “Es un presente que nos abruma, que nos asfixia, nos atosiga”, advierte.

Víctor Hugo Morales no concibe otra manera de vivir. Llega temprano a la radio, temprano al canal y convierte cada experiencia cotidiana en materia prima periodística. Conduce La Mañana por AM 750, de 9 a 13; de lunes a viernes suma La columna de Víctor Hugo en el canal Argentina12 y los fines de semana relata los partidos más importantes para la plataforma Relatorxs, también en la 750. Teatro, música, charlas de sobremesa: todo se transforma en reflexión pública. “No sabemos pensar ni actuar de otra manera”, resume.

Se asume privilegiado y agradecido por poder expresar sus ideas sin condicionamientos, tanto en los medios como en los libros. El más reciente, publicado por Sudamericana, propone un recorrido distinto. Parte de su historia personal para narrar una experiencia colectiva que vuelve a resonar con fuerza. Como suele ocurrir, lo personal es político.

El ciudadano común

El título no es casual. Morales explica que abundan los relatos sobre dictaduras desde la mirada de los protagonistas visibles, pero escasean las historias de quienes atravesaron esos años desde la vida cotidiana. “Me interesó hablar de los miedos, las complicidades, las violencias diarias y las pequeñas resistencias”, señala.

En esas páginas aparecen escenas reconocibles para toda una generación: lo que se podía decir y lo que no, las frases en clave, la discreción como forma de protección. El temor permanente a ser señalado como “comunista”. Un autoritarismo que se filtraba en todas las relaciones, especialmente en el vínculo entre patrones y trabajadores.

También la sensación constante de vigilancia. En el caso de Víctor Hugo, esa sospecha se confirmó décadas después, cuando accedió a los archivos de inteligencia que la dictadura uruguaya elaboró sobre él durante más de diez años, incluso ya recuperada la democracia. El libro reproduce informes que lo calificaban como “sospechoso” y “peligroso”, con un seguimiento minucioso de su vida personal y profesional.

El miedo como método

La posibilidad de caer preso estaba siempre latente. Morales recuerda la angustia de no saber dónde estaba un hermano detenido en una razia y el episodio que marcó un antes y un después: una pelea menor en un partido de fútbol que derivó en una detención armada, un traslado en avión como si se tratara de un delincuente peligroso y un mes de prisión.

Al repasar su vida, un dato lo impacta especialmente: el referéndum de 1980 en Uruguay, cuando el 44 por ciento votó por la continuidad de la dictadura. “Después de siete años de régimen represivo, es un número tremendo. Habla del miedo, pero también de algo más profundo en el corazón del ciudadano común”, reflexiona.

Aunque ya era un periodista reconocido, admite que vivía como un ciudadano de segunda. “Cruzabas de vereda, evitabas pasar frente a ellos. No sabías qué podía pasar”, recuerda. Ese clima de poder absoluto se replicaba en todos los niveles de la sociedad.

El exilio y la Argentina

Su salida de Uruguay estuvo directamente vinculada a ese contexto. Tras ser visitado en la cárcel por Fernando Niembro y Adrián Paenza, tomó la decisión de irse. “Sentía que mi carrera estaba amenazada. No mi vida, pero sí mi posibilidad de trabajar”, explica. Años después confirmaría que sus temores no eran infundados.

Hoy, esa experiencia vuelve a cobrar sentido frente a la coyuntura nacional. Morales no duda en trazar un paralelismo con la Argentina actual. “Estamos viviendo una forma de dictadura. Hay una sensación de impotencia, de abuso de poder, que se parece mucho”, afirma.

Frente a quienes califican ese diagnóstico como exagerado, es tajante. Habla de fascismo no desde la definición académica, sino desde la vivencia. “Es lo que se siente en el ambiente. Que te pasen por arriba, que haya una impunidad total, que se nieguen derechos básicos mientras se toman decisiones que favorecen a unos pocos”.

El poder que no cambia

El libro también recupera su recordado discurso en el Senado, en el año 2000, durante el debate por la televisación abierta de los partidos de la Selección. A 25 años de distancia, Morales se sorprende por su vigencia. “Nada ha cambiado. Los poderosos siguen siendo los mismos”, lamenta.

Reconoce avances concretos, como la transmisión gratuita del fútbol en determinados momentos, pero sostiene que el núcleo del poder permanece intacto. “En la Argentina, lo verdaderamente corrupto es el poder. Los grandes sectores empresarios y mediáticos que lo concentran”.

Aun así, insiste en que la lucha vale la pena. Aunque genere enemigos y desgaste, deja huellas. Como su libro, que no busca efemérides, sino memoria activa. Una advertencia desde la experiencia de quien vivió la dictadura en carne propia y hoy ve señales que no está dispuesto a callar.

Pagina12

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