Cientos de ciudadanos de Brasil cruzan la frontera y acampan durante horas en Ciudad del Este con un objetivo concreto: iniciar los trámites de residencia y comenzar una nueva etapa laboral en Paraguay.
La escena se repite desde hace semanas. Familias enteras llegan con reposeras, conservadoras y hasta organizan asados improvisados mientras esperan su turno. La postal mezcla expectativa, necesidad y una decisión tomada: emigrar.
“Bienvenidos a Paraguay”, repetía el jefe de Migraciones frente a una fila que ya ocupaba varias cuadras. El anuncio era claro: a primera hora del día siguiente comenzaría la entrega de formularios y luego la atención para quienes buscaban radicarse.
El operativo, impulsado por el gobierno paraguayo, apunta a agilizar la documentación de extranjeros. En pocas horas, cientos de brasileños quedan habilitados para iniciar un proceso que, en otros contextos, suele ser más lento.
Detrás del movimiento aparece una razón central: la búsqueda de mejores condiciones para trabajar. Muchos de los migrantes coinciden en que los costos en Brasil se volvieron difíciles de sostener, especialmente para pequeños emprendedores.
Ese es el caso de Delly Fragola, una comerciante de 55 años que viajó desde el estado de Goiás junto a su familia. Dueña de una peluquería, decidió cruzar la frontera tras considerar que en Paraguay podría acceder a mano de obra más accesible y menores gastos operativos.
La tendencia no es aislada. En distintos puntos de la frontera se registra un flujo constante de brasileños interesados en radicarse, atraídos por un esquema con menor carga impositiva y menos regulaciones.
En paralelo, también emerge un componente ideológico. Entre algunos migrantes se instala la idea de que Paraguay ofrece un modelo económico más flexible, asociado a mayores libertades para emprender.
El fenómeno abre un nuevo escenario regional. Mientras Paraguay se posiciona como un destino atractivo para inversiones y radicación, Brasil enfrenta el desafío de retener a trabajadores y pequeños empresarios que buscan alternativas fuera de sus fronteras.
En la tierra roja de Ciudad del Este, la imagen es contundente: largas filas, calor, mosquitos y paciencia. Pero sobre todo, una expectativa compartida de empezar de nuevo.
















