Freddy Virgolini pasó por el programa “Sueños y Sonidos”, donde repasó buena parte de su trayectoria artística y reflexionó sobre el teatro, el vínculo con los actores, el ego y la manera en que el arte puede interpelar al público.
Durante la entrevista, recordó sus comienzos en Buenos Aires, cuando tenía apenas 18 años y decidió acercarse al teatro casi de manera intuitiva. “Sin saberlo, para jugar, y después con el tiempo entendí que fue buscar una manera de salvarme”, contó.
Su primer contacto con aquel mundo teatral se produjo en un sótano de Buenos Aires, donde encontró a un grupo de actores trabajando en condiciones precarias. Para Virgolini, aquella experiencia fue determinante: “Ahí sentí: acá hay vida, acá me quedo”.
Con el tiempo comenzó a formarse y desarrolló una extensa carrera vinculada a la actuación y la dirección. En 1991 creó la DEA, Escuela de Actores, en Córdoba y Rauso, un espacio que funcionó durante una década y que llegó a reunir a 113 alumnos.
En el año 2000 recibió una convocatoria para trabajar en Suiza, donde se incorporó a una compañía internacional integrada por actores de distintos países. Permaneció allí durante una década, participando de giras y atravesando un intenso proceso de formación física y artística.
“Fue un entrenamiento muy fino”, recordó al mencionar disciplinas como kung fu, trabajo vocal, esgrima, manejo de dagas y máscaras. La experiencia también le permitió recorrer distintos países y trabajar con tres obras por año durante varias temporadas.
El ego y el trabajo del actor
Durante la charla, Virgolini también se refirió a uno de los grandes desafíos para cualquier intérprete: el ego.
“Antes no. Antes tuve una lucha fuerte. Aprendí a manejarlo un poquito”, reconoció.
Según explicó, su formación en Suiza fue fundamental para aprender a controlar ese aspecto. “El ego se necesita para actuar, pero hay que saber cómo usarlo, dominarlo, que no te traicione”, sostuvo.
El actor y director también marcó una diferencia entre buscar la aprobación del público y construir una verdadera experiencia teatral.
“No trato de hacer guiños al público. Trato de verdad de compartir una intimidad y no de exponer un juego”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que su objetivo no es bajar un mensaje cerrado, sino permitir que cada espectador construya su propia interpretación.
“El arte provoca, te desacomoda”
Al analizar el presente de la cultura argentina, Virgolini planteó una mirada crítica sobre el consumo cultural.
“Veo que hay un arte cada vez más de consumo”, señaló, y consideró que muchas veces determinadas propuestas terminan convirtiéndose en fenómenos que exceden al propio hecho artístico.
Frente a eso, defendió una concepción del arte como espacio de transformación.
“El arte provoca, te desacomoda, debería cuestionarte, desarticularte”, afirmó.
Para Virgolini, una obra logra trascender cuando continúa presente en la cabeza del espectador después de abandonar la sala. Incluso cuando la primera reacción no es necesariamente positiva.
“Para bien o para mal, se sigue hablando. Y eso está bueno, porque te dejó”, resumió.
“Lácrima”, una experiencia alrededor de Hamlet
En ese marco se inscribe “Lácrima, una rapsodia de Hamlet”, una propuesta que toma como punto de partida el universo de William Shakespeare y lo aborda desde el cuerpo, la poesía, la música y la actuación.
Virgolini explicó que una de las escenas que más lo moviliza es la vinculada con los huesos y el cementerio de Hamlet, porque le permite establecer asociaciones con la memoria y con aquellos cuerpos que aún permanecen sin identificar.
La puesta busca que el público no solamente observe una obra, sino que participe de una experiencia que continúa después de la función.
“Si vos vas relajado, no a entender sino a vivir una experiencia, el espectáculo es muy frondoso en cosas visuales, es muy poético”, explicó.
La propuesta incorpora además iluminación y música como elementos centrales de la puesta.
Teatro, vino, gastronomía y conversación
La experiencia de “Lácrima” no termina cuando finaliza la obra.
Luego de la función habrá una degustación de vinos a cargo de Luciana Ambrosio, de Nysa Club, y posteriormente una propuesta gastronómica en el espacio Oso Blanco, dentro de Cuatro Elementos.
El menú incluye pastel de papa casero y mousse de chocolate con crema.
La idea es generar además un encuentro entre el artista y los espectadores. Virgolini prefiere llamarlo “conversación” antes que debate.
“Sentís que te devuelve la gente”, explicó sobre ese intercambio posterior a la función.
La función será a la gorra, una modalidad que Virgolini incorporó progresivamente como una forma de abrir la experiencia teatral a nuevos públicos.
“Es decir, el tipo entra, no te gustó, te fuiste”, señaló con humor, aunque aclaró que la invitación es acercarse a la obra sin la obligación de comprenderla racionalmente, sino con la disposición de vivir la experiencia.
Una función para este domingo
“Lácrima, una rapsodia de Hamlet” se presentará este domingo 30 de agosto a las 18, en Cuatro Elementos, ubicado en Alberti 2746, entre Mitre y San Luis, Mar del Plata.
La entrada a la función será a la gorra.
Después de la obra se podrá acceder a la degustación de vinos, la propuesta gastronómica y el espacio de conversación con Freddy Virgolini.
Para quienes quieran participar de la cena es necesario realizar reserva previa al 223 549 2833.
Antes de despedirse, Virgolini dejó una frase que sintetiza parte de su manera de entender el teatro y la vida artística: “Prefiero el ‘mucha mierda’ de los caballos en el teatro, como prefiero los ojos al celular”.















