La vida cotidiana se volvió más pesada para millones de argentinos. Desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023, la incertidumbre económica, los cambios bruscos en las políticas públicas y un clima social cada vez más áspero generaron un desgaste psicológico que hoy atraviesa a todas las generaciones.
Profesionales de la salud mental señalan que, durante 2024 y 2025, crecieron las consultas por ansiedad, estrés y agotamiento emocional. La preocupación por los ingresos, la pérdida de poder adquisitivo y los precios en alza se combinan con discusiones políticas constantes que tensan la convivencia diaria.
A este escenario se suma una ola de despidos que afectó tanto al sector estatal como al privado. Miles de familias quedaron sin ingresos de un día para otro y debieron reacomodar su vida en medio de una inflación persistente. Psicólogos y organizaciones sociales remarcan que la incertidumbre laboral es uno de los mayores detonantes de angustia, especialmente entre trabajadores que temen quedar afuera en cualquier momento.
En Mar del Plata, referentes del sistema sanitario explican que la demanda de atención psicológica creció de manera sostenida. Lo relacionan con el fuerte impacto en rubros sensibles como comercio, gastronomía y servicios, además de la reducción de contratos en dependencias públicas. Muchos describen una sociedad “agotada”, obligada a multiplicar horas de trabajo y a depender de changas para suplir la ausencia de previsibilidad.
La confrontación política también suma un peso emocional difícil de cargar. Las divisiones entre quienes apoyan al Gobierno y quienes lo cuestionan se volvieron parte de diálogos familiares, laborales y en redes sociales. Este escenario potencia el estrés y afecta la salud mental de manera silenciosa pero persistente.
Organizaciones comunitarias subrayan que el desgaste no se expresa solo en los consultorios. La caída del consumo, la reducción de programas de asistencia y la falta de un horizonte claro deterioran la autoestima colectiva. Para muchos, la sensación cotidiana es la de un “aguante permanente”, con la esperanza puesta en que la situación deje de deteriorarse.
Aun así, especialistas recomiendan no naturalizar el malestar. Insisten en mantener redes de apoyo, buscar espacios de contención y pedir ayuda profesional cuando sea necesario. Reconocen la resiliencia histórica de los argentinos, aunque advierten que ningún país puede sostener indefinidamente niveles tan altos de angustia.
La salud mental pasó a ser un termómetro clave para entender el presente argentino. En tiempos marcados por recortes, despidos y pérdida de poder adquisitivo, el impacto emocional de las decisiones políticas pesa tanto como el económico.
















